Nadie imaginaría que, en pleno corazón del desierto del Sahara, a unos 70 km de la mítica ciudad de Tomboctou, se celebra el mayor festival tuareg. Cada mes de enero desde hace cinco años, Mali acoge etnias y culturas con un solo fin: el intercambio de culturas a través de la música.
La tradición existe aún entre la gente del desierto: después del Ramadám y de la fiesta del Tabaski y la fiesta del cordero, los tuaregs se reunían en un festival llamado Tacou Belt. Aquí se encontraban tras la época de nomadeo para soluciona conflictos, celebrar fiestas y discutir sobre las grandes cuestiones del momento. Hoy ya no se trata de solucionar nada, pero el festival conserva aquel espíritu y simboliza el carácter inconformista de un pueblo acostumbrado a resistir.
El festival del desierto es quizá uno de los más inaccesibles que existen. Su objetivo es ayudar a conservar las culturas del SAGEL y del Sahara, en grave peligro de transformación o desaparición, como consecuencia de una realidad extrema: sequías prolongadas, éxodo a las ciudades, abandono del campo y de las formas de vida tradicionales. Una región con una historia milenaria a punto de sucumbir.
Pero el festival no es un rincón para la nostalgia y el recuerdo de tiempos mejores. Tampoco un coto cerrado en el que el cartel diga "sólo tuaregs". Aquí se unen nuevas voces, propuestas e intercambio de ideas. Aunque a simple vista no lo parezca, este lugar recóndito y al que resulta tan difícil llegar desde Europa, siempre fue un punto de encuentro para distintas civilizaciones.
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